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Quizás no vuelvan ya los tiempos en los que no hacía falta describirse en unas líneas, porque con los ojos y los gestos ya bastaba para saber cómo era el otro, y en esos pequeños detalles nos delatábamos.
Quizás lo de echar miradas en los pasillos, o provocar encuentros fortuitos en sitios pactados sin hablar ya queda un poco anticuado. Ahora el trabajo marca el día a día y el tiempo se comprime, llevándonos de aquí para allá en un ritmo frenético y ya es complicado que algún amigo nos presente a esa chica interesante, o que la casualidad nos lleve a ella.
Con tendencia al ensimismamiento y a no bajar de la nube, pero charlatán y divertido cuando lo hago. El vivir solo, el leer y el trabajo de números y cálculos no ayudan mucho, y me paso por allí arriba la mayor parte del tiempo.
Me gustan esas artes que se dedican a contarnos historias, a transportarnos a otros sitios y a ver otros rostros.
No me puedo dar a conocer por expresiones ni detalles, dejo aquí en la red de redes mis líneas de presentación, disponibles todas las horas del día a lo largo de los cinco continentes.
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